La violencia doméstica grita en silencio

Las mujeres del área rural en las provincias de Tarija sufren a diario vejámenes y dolorosos procesos de maltrato, invisibilizados por las costumbres y el machismo vigente.

mujeres-pelando-papas
Pese a las sonrisas y charlas, cada quien llora su propia historia

Mabel Pastén, Irma Murillo y Rossío Clavijo.

La violencia doméstica cada día cobra víctimas silenciosas e invisibilizadas en las localidades rurales, ello sumado al machismo y al analfabetismo muestran una lacerante realidad como lo que ocurre en la población de Entre Ríos, provincia O’connor del departamento de Tarija, lugar donde a diario se presentan agresiones y vulneración a los derechos humanos de las mujeres.

En este pueblo existen 120 comunidades entre las cuales se destacan San Josecito, las Abhras, Tunal, Ulayco, Narvaez, San Diego, Saladito, Potrerillo, Agua Rica, Timboy, Moco Moco, Neurenda, La Cueva, Naranjos, Valle, Medio, El Puesto, Chiquiaca y Salinas, entre otras.

Situación de la Mujer en Entre Ríos

Entre Ríos, una población pequeña y pintoresca, es una muestra que refleja claramente los problemas que se repiten en las otras poblaciones chapacas. Toda la actividad del lugar gira en torno a la plaza, el clima es agradable y la vegetación es el marco especial en el que se desenvuelven las actividades económicas como la siembra de tomates, yucas, arvejas, etc.

Según los datos de los funcionarios de la Gobernación, el 65% de la población de Entre Ríos está compuesto por mujeres y 35% por varones. Karen Torrez  Herrera, trabajadora de esa institución pública, dio a conocer que las familias tienen en promedio 7 hijos, 5 mínimo y hasta 11 máximo.

reunion mujeres_ER

La  triste y repetida historia

Golpes, insultos, llanto, esclavismo, machismo lacerante, servidumbre y terror son las escenas que a diario se presentan en Entre Ríos, donde poco o nada se hace para evitar la extrema violencia doméstica que aqueja a ese lugar, donde por lo cotidiano esa problemática pasa como algo “normal”.

Crispín C. y Celinda N. se juntaron hace 7 años. Ella tenía 16 y su pareja 35. Pese a los reclamos de una tía, las familias de ambos decidieron que podrían vivir juntos, él la mantendría y ella criaría a los hijos.

Sin embargo, la realidad se encargó de destrozar esos sueños. Desde los primeros días, Crispín se encargó de que su compañera sepa quién era el “hombre” de la casa.

”Todos los días la pegaba. Además que la engañaba con otras mujeres. Le ahorcaba, le destrozaba la ropa con machete. Encima la asustaba y ella le temblaba”, afirma la tía, quien si bien amenazaba con ir a las autoridades, era frenada por los propios familiares que le decían que no se meta, que ya ellos eran una familia muy aparte.

Violencia silenciosa

Según  pudo evidenciar la enviada especial de este equipo de prensa, los jóvenes se unen en pareja a muy temprana edad, vale decir entre los 14 y 15 años. El machismo es lacerante y ligado a la violencia sexual, ya que el hombre en vez de compañero se convierte en capataz.

La responsabilidad de la educación de los niños recae enteramente en la madre. Lo mismo ocurre en el caso de los embarazos, por lo que ellas son recriminadas por sus parejas, las riñen y las golpean.

A esta situación se suman problemáticas transversales como es el caso del analfabetismo, que llega a un 60%. También es preocupante el tema de la mortalidad infantil porque en la mayoría de los casos todas las familias pierden 3 hijos por enfermedades y maltrato.

DATOS_POBLACION_ENTRERIOS

DATOS-EDUCATIVOS-ENTRERIOS

DESNUDA EN EL CAMINO

“Tanto, tanto le estropeaba el Crispín a la Celinda que un día ella se ha escapado. Con tal mala suerte ha pasado eso, que cuando él la ha encontrado le ha machucado a golpes, luego la ha desnudado por completo y así le ha hecho andar casi un día desde el camino hasta su casa”.

En esta historia no solo Celinda es la víctima sino también sus dos hijos y el niño que trae en su vientre. Ella no sólo atiende los trabajos del hogar, sino que como cualquier varón ayuda en las faenas agrícolas, desmontando, arando, sembrando la tierra.

Celinda intentó marcharse de su hogar por miedo a que Crispín la mate, pero como por la huida casi perece, ella sabe que nunca más volverá siquiera a intentarlo. Entonces, al igual que la gran mayoría de las mujeres de su comunidad, acepta resignada y con miedo el papel que le tocó vivir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s